La depresión que llega en otoño

El otoño huele a lluvia, castañas y chocolate caliente, y es de color rojo, ocre y marrón. Por eso, porque acaban las altas temperaturas veraniegas, y por más motivos, muchas personas consideran que es una época agradable. Pero a otras les produce nostalgia y les hace sentir tristes y desanimadas. Las preocupaciones y el tener un curso académico o todo un año por delante, puede influir, pero el cambio de estación también nos afecta a nivel biológico, sin que nos demos cuenta. ¿Cómo es eso?


Se debe a que con el otoño, los días se hacen más cortos y fríos, y nuestro organismo se ha de esforzar para adaptarse a la disminución de luz solar. La luz es necesaria para producir y regular hormonas que están implicadas en la actividad, como la serotonina y la dopamina. La serotonina también es conocida como la hormona del humor o la felicidad porque promueve la sensación de bienestar y pensamientos positivos, entre otros importantes beneficios, como regular el apetito, intervenir en el control del ciclo del sueño, la ira, la ansiedad y la depresión.

En ocasiones, el organismo no consigue equilibrase, baja el nivel de esas hormonas, y se produce un estado de ánimo depresivo llamado trastorno afectivo estacional (TAE), también conocido como depresión otoñal o invernal.  Por ello, es frecuente que aumenten las consultas al psicólogo por procesos depresivos en esta época. En realidad no se sabe con exactitud por qué el trastorno afecta más a unos que a otros, hay diferentes factores genéticos y inmunitarios que pueden favorecerlo, pero la falta de exposición a la luz es una causa clave. De hecho, en países como Noruega o Finlandia, con largos inviernos sin luz, tienen una de las tasas más altas de depresión.

 El trastorno afectivo estacional se caracteriza principalmente por:

  • Apatía, sensación de baja energía y cansancio físico, desmotivación
  • Sentimientos de tristeza, ansiedad

A medida que el organismo se va adaptando a las condiciones ambientales, el malestar tiende a ir desapareciendo poco a poco, pero en ocasiones puede complicarse por causas psicológicas y/o sociales, pudiendo aparecer otros síntomas como:

  • Irritabilidad, cierto aislamiento social
  • Dolor de cabeza
  • Problemas de concentración
  • Alteraciones del sueño
  • Desordenes de la alimentación, y aumento de peso, porque si baja la temperatura corporal y hay sensación de poca energía, el cuerpo nos pide alimentos ricos en hidratos de carbono, azúcar y calorías
  • Disminución de la líbido

 Las personas que deberán estar más alerta con este trastorno, son aquellas que tengan un temperamento más depresivo, las que tengan antecedentes familiares de depresión, y también las que atraviesen alguna etapa complicada en su vida. Pero de todas formas, a todos nos conviene prevenir para que no nos afecte o lo haga lo menos posible. ¿Cómo conseguirlo? Nos pueden ayudar unos simples consejos:

1. Primero, aumentar la exposición a la luz solar siempre que sea posible, por ejemplo, saliendo a pasear un rato si hace un buen día, lo que nos lleva al segundo consejo.

2. Mantenerse activo. No hace falta apuntarse a un gimnasio para hacer algo de ejercicio, aunque si nos lo podemos permitir también puede ser una buena idea. Si no, podemos encontrar diferentes momentos durante el día para caminar, subir las escaleras a pie en lugar de utilizar las mecánicas o coger el ascensor, ir en bici,…

3. También es muy importante descansar y mimarse haciendo cosas que nos gusten y aumenten nuestro bienestar y nuestra estima. Cada uno tiene sus preferencias pero la meditación, relajarse con una buena música,  o organizar una cena tranquila con amigos pueden ser algunas ideas.

4. Y hablando de cenas llegamos a un punto clave para sentirnos bien, la alimentación. Siempre conviene hacer una dieta sana y equilibrada, y para afrontar esta problemática hay algunos alimentos que pueden ser nuestros aliados. Los plátanos, las nueces, los lácteos, los huevos, la calabaza, el chocolate, el pescado azul, las espinacas, las naranjas, el pollo, el tofu,… entre otros nos proporcionan triptófano que es un aminoácido esencial muy relacionado en la producción de la serotonina que he comentado antes.  

 Si crees que tienes Transtorno Afectivo Estacional, y los síntomas son leves, espero haberte ayudado a entender un poco mejor lo que te pasa, y que puedas seguir alguno, o mejor todos los consejos anteriores. Recuerda que tu organismo necesita adaptarse, y que puedes hacer que el proceso sea más fácil. Si el problema se complica o si crees que los síntomas están interfiriendo demasiado en tu actividad diaria y en tu calidad de vida, deberías pensar en consultar a un psicólogo. El especialista puede ayudarte a mejorar tu estado de ánimo, dándote pautas y recursos para afrontar el problema en su contexto particular, teniendo en cuenta si hay otras cuestiones laborales, familiares o de cualquier tipo que estén complicando la situación.

 

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Un comentario en “La depresión que llega en otoño

  1. Hola
    Al llegar a una edad senti que la vida era un constante desafío para mi, fallecimiento de familiares y amigos, nido vacio, ect., todo esto me producía una tensión que coartaba mi bienestar personal produciendome una depresión llamada “trastorno afectivo emocional”, o “depresión estacional”, empezaba en otoño hasta finalizar la época de navidad.
    Decidí consultar con mi psicoterapeuta al respecto y escribo este comentario para agradecerle toda la ayuda que me ha proporcionado, haciendo que comprenda muchas cosas de las cuales yo era incapaz de ver por mi misma.

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