Las metáforas en la psicología


Las metáforas son ideas e imágenes que se comparan con alguna otra cosa y transmiten un mensaje en forma de cuento, historia o fábula. Se asocian más a la literatura que a la ciencia, pero en realidad son una herramienta habitual en algunas corrientes psicológicas. Esto se debe a que las metáforas aportan una nueva forma de contemplar un problema, fomentando la imaginación y la creatividad, lo que puede facilitar un nuevo enfoque, una mayor comprensión y un posible camino para encontrar soluciones. En terapia, hace al cliente más activo, permite analizar los conflictos con más distancia, facilita el contacto y la expresión de emociones, y ayuda a la transmisión de competencias y experiencias sin provocar resistencias. Además son fáciles de entender y recordar.


Se utilizan mucho en la psicología infantil, y también en el psicoanálisis, que las considera una buena forma de llegar al inconsciente, en el constructivismo y en el humanismo. Pero quedaban más al margen de la perspectiva cognitiva conductual, que busca un mayor compromiso con la ciencia. Esto se ha flexibilizado en los últimos años con la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), que considera a las metáforas un recurso básico para ayudar a la persona a distanciarse del contexto que envuelve la situación problemática, a dejar de luchar contra sus pensamientos  y a centrarse en su conducta, sentimientos, sensaciones y emociones, para alcanzar sus valores.

Las metáforas pueden conectar con una persona y abrirle los ojos, o no…, según su situación, pero como son similares a pequeños cuentos, son amenas de leer y fáciles de entender, os escribo dos ejemplos que se emplean en ACT, e iré escribiendo más en la página de Facebook de NaturalMente Psicología. Tal vez, alguna os resulte útil y os haga reflexionar, o simplemente os entretenga un rato ahora, pero pueda serviros en otro momento.

La metáfora de la gárgola:  “Imagínate que te sientes desanimado, triste,… y un día te das cuenta de que llevas una gárgola en tu hombro. Como las gárgolas son de piedra, esta gárgola te pesa mucho, te hunde y te dificulta moverte para realizar cualquier tipo de actividad. Pero además, esta gárgola habla y te está susurrando constantemente al oído. Pero es fría, dura y no tiene corazón así que los mensajes que te da son siempre negativos, humillantes, te culpabiliza por todo. Si te encuentras mal, la gárgola te dice que te sentirás siempre así, y lo peor es que crees todo lo que te susurra y te hace sentir cada vez peor. Será imposible no escucharla, pero si aprendes a identificar cuáles son sus mensajes, sabrás que son opiniones de la gárgola, y dejarás de creer en ellos. La gárgola gritará más para convencerte, pero con el tiempo, si no se siente escuchada tal vez se marche de tu hombro.”

La metáfora del autobús: “Imagina que eres el conductor de un autobús con muchos pasajeros. Los pasajeros son pensamientos, sentimientos y recuerdos, y en una parada suben unos que tienen muy mala pinta. Mientras conduces hacía tu destino, quieres girar, pero los pasajeros desagradables te gritan y te dan órdenes: “Sigue recto”, “acelera y ve más rápido”… Y si no les haces caso, te insultan, se burlan y te hacen sentir mal. Como quieres que se callen, haces lo que te piden. Así se calman, y te dejan conducir, aunque pierdas un poco la ruta por la que querías ir. Pero cada vez que quieres volver a recuperar tu camino, vuelven a molestar, y amenazan incluso a otros pasajeros, así que decides echarlos del autobús. Pero no puedes, discutes con ellos, y mientras tanto, el autobús está parado. Los pasajeros son muy fuertes, y como no los puedes hacer bajar,  vuelves resignado a tu asiento y conduces por donde ellos quieren para evitar que molesten. Crees que así no te harán sentir mal y casi sin darte cuenta, empiezas a justificar tu nuevo camino, como si fuese la única dirección posible. Parece que esos pasajeros desagradables, pueden hacer mucho daño, pero intentando controlarlos, has perdido la dirección del autobús y te alejas cada vez más de tu destino. Los pasajeros molestos no tienen el volante pero guían el autobús. Recuerda que el conductor eres tú, acepta que algunos pasajeros van a molestar si sigues tu camino, pero si ven que sus amenazas no funcionan terminarán callando, o quizás no, pero lo importante será que tú decidas por donde ir y que consigas llegar a tu donde tú querías, a tu meta”.

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