Autoayuda, entre la satisfacción y la frustración

libros4Cada vez hay más libros de autoayuda que quieren llamar la atención, con atractivos diseños y tentadoras promesas. Muchas personas los compran porque son muchos, y más en tiempos de crisis, los que desean aumentar su autoestima, los que quieren encontrar la fórmula de la felicidad y del éxito, y los que buscan solucionar sus problemas y ganar calidad de vida, y si es de una forma rápida y fácil mejor. Pero, ¿realmente funcionan?, y ¿por qué hay personas que leen uno tras otro? Parece que la segunda pregunta responde a la primera, si funcionasen habría uno, y lo estudiarían en las escuelas, al menos en las de Finlandia, aquí no estoy segura…


La realidad es que los libros de autoayuda producen una mezcla de satisfacción y frustración. Quieren hacer creer que a cambio de no demasiados euros, nos mostrarán el camino para ser feliz y hacer realidad nuestros deseos, y que es fácil, que basta con proponérselo, o como mucho, entrenarse unos minutos al día con ejercicios simples para conseguirlo, pero no es tan sencillo. Hay personas que en un principio disfrutan de su lectura porque les supone una esperanza,  pueden hacer que el lector se sienta identificado, y que compense en parte, una falta de comprensión, afecto o seguridad. Por eso, aunque sólo con leerlos no producen cambios significativos, en algunos casos favorecen efectos que se interpretan como agradables y positivos. El problema es que si estos efectos se producen, suelen ser superficiales y momentáneos porque no resuelven la causa del problema, así que el malestar podrá volver a aparecer en cualquier momento.  

autoayudaOtro de sus inconvenientes es que consideran que la felicidad supone un todo o nada, pero eso no es realista. Es inevitable que su intensidad cambie según lo que vamos viviendo, y nuestros pensamientos, deseos y necesidades están con frecuencia en tensión así que no es posible ser feliz todo el tiempo. Por eso, pueden hacer creer que si alguien se siente mal por algo, tiene un problema, cuando lo más normal es que a veces nos sintamos mal. Y otro inconveniente importante es que afirman que se puede tener el control para conseguir lo que sea a través de la voluntad, pero en la mayoría de ocasiones con la voluntad no basta, hace falta la acción, y para llevarla a cabo se ha de tener en cuenta la influencia del entorno y aspectos personales, algunos inconscientes que muchas veces ni la persona sabe que existen. En general los consejos y pautas que ofrecen son muy generales, a veces hasta inalcanzables, y no tienen en cuenta las particularidades de cada caso. Así que insistir en que ser feliz y exitoso es fácil, y que puedes conseguirlo si lo deseas de verdad, puede producir frustración y sufrimiento cuando no se consigue. En ese sentido, un estudio realizado en Canadá por la psicóloga Joanne Wood, y publicado en “Psychological Science” afirmó que estos libros pueden perjudicar a las personas depresivas o con baja autoestima. Explicaba que esas personas no se veían capaces de seguir las pautas recomendadas y frases como “tu puedes” o “eres el mejor” provocaban una disonancia, o choque con su propia imagen, y generaban culpabilidad y más depresión, reforzando la autopercepción negativa y consiguiendo el efecto contrario al deseado. Otro problema es que por muy interesante que parezcan al leerlos, en pocas ocasiones se llegan a aplicar, porque cambiar los hábitos no es una tarea sencilla para la mayoría, y menos aún, cuando se trata de fenómenos complejos, como una depresión, o una fobia.

Pero entonces, ¿hay que huir de ellos? No necesariamente, pero hemos de tener muy claro que no son mágicos y que no van a transformar nuestra vida. Hay personas que disfrutan de su lectura porque son fáciles y amenos de leer, así que pueden proporcionar un momento de entretenimiento. Y también pueden motivar y dar alguna pista u orientación, y pueden inspirar o aportar un nuevo punto de vista que ayude a recapacitar y a reflexionar. Lo más importante es la intención y la actitud con la que se leen, y encontrar la forma de dejar el pensamiento, por muy positivo que sea, para pasar a la acción positiva, porque con la teoría, el deseo y la intención no es suficiente.

De hecho, los psicólogos podemos utilizar la biblioterapia como parte de un proceso terapéutico, y recomendar algunos títulos que tengan que ver con la problemática concreta. Así se ayuda a comprender lo que sucede, y además se puede acompañar y guiar a la persona para concretar la lectura y poner en práctica los cambios. Para ello, hay que plantearse metas realistas, pensar cómo aplicar lo leído, buscar estrategias, descubrir recursos que no se sabía que se tenían, reconocer límites y capacidades, y tener paciencia, pero no todos pueden hacer todo eso solos, por muchos libros que lean. Por ese motivo, en situaciones complejas o que crean excesivo malestar una buena forma de concretar y pasar a la acción para “autoayudarse” es ir a ver a un profesional de la psicología.

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