¿Es el amor parte de un plan?

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Podemos definir el enamoramiento como un estado psicólogico y emocional que inunda por completo nuestro organismo, y enfoca toda nuestra energía y motivación hacia una persona que adquiere un significado especial. Pero, ¿qué es lo que hace que nos fijemos en esa persona y que ésta se convierta en el eje de nuestra vida? 

La teoría de la Correspondencia dice que nos basamos en mapas mentales que construimos con recuerdos conscientes o inconscientes, en los que señalamos las características que debe tener nuestra pareja. El sexólogo John Money cree que esos mapas los elaboramos de niños, entre los 5 y 8 años de edad, con información de familiares, amigos y otras experiencias. Pero en ocasiones nos enamoramos de personas muy distintas,… ¿o siempre tienen puntos en común? 


Con mapas o sin ellos…, para enamorarnos de alguien ponemos en marcha diferentes filtros sin darnos cuenta. Uno de los primeros es el de proximidad, aunque las redes sociales han flexibilizado este punto, sigue siendo necesario tener algún modo de estar en contacto, para conocerse y compartir experiencias. Otro filtro es el cultural, ya que compartiendo la cultura será más fácil compartir valores, ideas, e incluso expectativas sobre el amor, la pareja y la vida en común. Pero, no es todo tan sencillo, podemos sentir atracción por personas similares a nosotros en los aspectos físicos, de personalidad, en las aficiones, y hasta en el poder adquisitivo, y también podemos sentirnos atraídos por personas diferentes que nos resulten misteriosas, porque el misterio se asocia a la novedad y nos despierta la curiosidad y el interés. Al enamorarnos nos atrae la posibilidad de satisfacer nuestros deseos, de encontrar alguien que nos acerque a lo que queremos ser y nos complemente. 

Además, si preguntamos a alguien cómo se enamoró de su pareja, lo más probable es que nos explique que le cautivaron algunas características físicas y psicológicas, es decir, atributos de su imagen y su forma de ser. Sentimos preferencia por parejas que tengan simetría en el rostro y una buena proporción corporal, similar a la nuestra. La forma de andar, de hablar, de mirar, el olor,… todo nos da pistas sobre la salud y la posibilidad de tener descendencia con esa persona, y pone en marcha mecanismos de selección que se activan sin darnos cuenta. Y es que podemos vivir rodeados de tecnología, y ya hace siglos que bajamos de los árboles para subir a edificios llenos de viviendas, pero aunque no pensemos en tener hijos, conservamos los instintos de nuestra naturaleza primate, y uno de ellos es el de reproducirnos. 

Cuando hemos seleccionado al candidato, o incluso antes, se ponen en marcha varias zonas del cerebro y la actividad química cambia. El cerebro se inunda de feniletilamina,  que es una sustancia de la familia de las anfetaminas. Esta nos hace sentir entusiasmo y excitación, y hace que la razón pierda importancia, idealizando a la persona amada. También se favorece la producción de dopamina, que es el responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, motivándonos para buscar la manera de tener cosas en común y gustar a esa persona que nos produce mariposas en el estómago. Estar con quien amamos se convierte en nuestro objetivo principal. Además, aumenta la norepinefrina que junto a la dopamina, favorecen la focalización de la atención, y mejorando el aprendizaje, lo que hace que seamos capaces de recordar todo tipo de detalles y momentos vividos con esa persona. Y como bajan los niveles de serotonina, se generan pensamientos incluso obsesivos sobre ella. La vemos como algo único y especial, y también se produce oxitocina que activa el deseo sexual y fomenta el apego. Y si el amor se va viendo correspondido, poco a poco, las endorfinas proporcionaran sentimientos de paz, seguridad, bienestar y darán paso a otra fase de la relación.

Todo eso puede quitar un poco de romanticismo al amor, pero saber los ingredientes de una tarta no nos impide disfrutar de las sensaciones que nos produce comer un pedazo. Y aunque sepamos más de la “receta” del amor, hay una parte que ni la neurología, ni la psicología, ni la biología ha podido explicar. Llamémoslo plan biológico, aprendizaje, destino, karma, magia, conectar con experiencias pasadas o con proyectos futuros,… Y después de enamorarnos, si somos correspondidos, la siguiente pregunta sería ¿cómo conseguir que una relación sea duradera y feliz? Pronto, escribiré otro artículo sobre ese tema, para ayudar a recordar que si valoramos una relación, San Valentín no se puede limitar a un solo día del año.

Gracias por leerme, y te recuerdo que si quieres consultarme algo, puedes llamarme o escribirme un correo electrónico.

Foto: Fox of the pine (thank you!)

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